Robada: una carta a mi captor

Por Jocelyn Aguilar

Desde la contraportada del libro y con el título, ya es posible darnos una idea sobre la temática de la que hablará la escritora Lucy Christopher. Nació en Gales en 1981, pero creció en Australia; actualmente dedica su tiempo a la investigación de pueblos aborígenes, acompañados del significado de éstos en la literatura australiana. Menciono esto ya que tiene gran repercusión en su obra, pues en Robada: Una carta a mi captor, la autora nos lleva a un oasis desértico australiano con tonos rojizos y naranjas. 

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“Un extraño de ojos azules observa a Gema en el aeropuerto de Bangkok. Ella todavía no lo sabe, pero Ty es un joven perturbado que la ha seguido durante años. De pronto Gema se encuentra cautiva dentro de un territorio desolado del que parece no haber escapatoria. ¿Cómo huir si su vida está en manos de Ty, y una profunda atracción ha empezado a atarla a él?”

La narración  sucede en segunda persona; esta manera de escribir junto con la descripción de la autora nos introduce en la experiencia de Gema. Ella es una adolescente de 16 años, quien atraviesa por difíciles circunstancias por Ty, un joven extraño que siente una gran obsesión hacia ella.

La lectura logra ponernos en el lugar de Gema, reconocer las emociones en carne propia, el miedo, el enojo o hasta  los sentimientos que le produce Ty. Es un libro embriagador; nos describe el calor de un desierto eterno, la soledad del captor y sus demonios internos que desean retener a Gema. 

Las relación que surge entre ellos es el ejemplo del síndrome de Estocolmo. El libro es el reflejo de lo que vivió Gema; a través de sus reflexiones y memorias construimos una imagen de su captor que en momentos nos hace sentir empatía o cariño. Sin embargo, la protagonista decide dejar ir la imagen de su captor para poder seguir con su vida.

Leer este libro puede ser una experiencia cálida, pero también sofocante. Como seres humanos no podríamos comprender lo que sucede, ya que el síndrome de Estocolmo es un mecanismo de defensa inconsciente que desarrollan lxs sobrevivientes de algún tipo de abuso. Como no pueden responder a la agresión ni reconocer lo sucedido, se defienden de sufrir un shock emocional. De esta manera, se produce una identificación con el agresor; un vínculo en el sentido de que el secuestrado empieza a tener sentimientos de identificación, de simpatía o de agrado por su secuestrador.

La lectura permite abrir el diálogo sobre los límites de lo que se puede escribir o no. No podemos censurar a una autora por los temas que desarrolla, debemos considerar la ficción como un ejercicio de análisis o reflexión que nos permite sensibilizarnos con la violencia que existe en la realidad. Pero sin romantizar este tipo de lecturas que están enfocadas para adolescentes. Hay que enseñarles a las nuevas generaciones a nombrar la violencias, a construir relaciones sanas, eliminar la idea del amor romántico, acompañar y entender los procesos individuales de lxs sobrevivientes de violencia.

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