La dramaturgia de Elena Garro: Los perros.

Por Dana Espinosa

Era desconocido para mí el hecho de que Elena Garro escribiera dramaturgia, pues mi único acercamiento a su trabajo fue Los recuerdos del porvenir (1963) cuando cursaba preparatoria. Nunca indagué mucho en ella ni su obra, sin embargo para todo hay una primera vez. Leer siempre es una sobreposición del pasado y el presente, e inevitablemente dicta mucho de nuestro futuro.

Ahora bien, regresando a la escritora mexicana, hace poco leí una obra pequeña de un solo acto en un libro que reúne el teatro completo de Garro. Tan impactada por su brevedad y la fuerza de estruendo de su tema, me gustaría poder comentar y recomendar de la mejor manera la obra Los perros (1965)

Elena Garro contra sí misma | Babelia | EL PAÍS

Manuela y su niña Úrsula se preparan en su choza para ir a San Miguel y bajar del monte en el día más rojo, todo por tener un año próspero. A Úrsula la espera un conjunto rosa y zapatos negros para la ocasión, mientras tanto, Manuela hace tortillas sobre el comal. 

A pesar de la viveza en el sentir y pensar de Úrsula, ella sigue siendo una niña de doce años, a la que un hombre llamado Jerónimo ya tiene “encaprichada” en la mente y en el ser. Los perros ladran para buscar consuelo en el eco y como le dice a Úrsula su primo Javier, ven venir a la muerte con el aullido.

La voz y el silencio en la obra de Elena Garro 

Si algo me parece medular en la obra de Garro es el ordenamiento y reconocimiento del mundo por medio de la voz. La contraposición de voz-silencio construye el ambiente y el rapto que le sucede a Manuela y, no por herencia, a Úrsula también. Sobre el silencio, Úrsula tiene miedo de Jerónimo y por ello desea alzar la voz.

 Nombrar las cosas es hacerlas aparecer; es arrastrarlas a los pies de la realidad y convertirlas tangibles. Es por ello que Manuela es renuente en que Úrsula, a través de las palabras, pueda destinarse a lo que su misma madre pasó cuando tenía la edad de su hija y destinarse a lo que quiere Jerónimo de ella: 

Llevan a escena Los Perros de Elena Garro |
“Javier: Busca cortarte del mundo.” (Garro 171)

La silenciación de Úrsula, su miedo, los Tejones y los Queditos (llamados así porque caminan a cumplir sus “encaprichamientos” con niñas sin hacer ruido), los perros Estrello y Gamuzo que ya no se les escucha ladrar; la esperanza en los días rojos, la soledad que deja un pueblo al subir el monte y la historia de vida de Manuela, desvelan una situación desgarradora que aún palpita en la realidad de un país para el que la pobreza y la violencia de género son rotundamente ignoradas, donde son invisibilizadas en un afán de desaparecerlas por nunca nombrarlos.

 Los perros juega con el poder oculto de la voz y el efecto trágico. No juega con la herencia que deja una madre al parir a una hija, sino de la voz silenciada y el sórdido silencio de quienes son testigos; porque no morimos por ser mujeres, sino que por ser mujeres nos cortan del mundo. 

Garro es real y cruda en una extensión de sólo doce páginas. Si no me equivoco, la representación escénica de Los perros puede encontrarse en youtube, y en la siguiente liga está disponible la obra con ilustraciones de Lilia Carrillo: 

https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/457a707c-ab99-4b54-9551-cf9a1ff40047/los-perros

Agradezco explícitamente a la persona que me abrió a la versatilidad de Garro como escritora. Es maravillosa la manera en la que podemos conectar a través de objetos como los libros; conectar con quien nos lo tendió con sus palmas abiertas, y conectar con quien escribió con el puño cerrado. 

En la nota que realiza a su teatro, curiosamente, menciona que la debilidad de su voz no le permitió disfrutar del paraíso del teatro de la manera en la que ella quería: actuando, así que optó por escribirlo. Quiero decirte, Elena, que yo puedo escucharte en el papel y que tu voz no tiene nada de débil. Gracias. 

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